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Mis primeros Años...

José María Figueres OlsenUn 24 de diciembre de 1954, mientras mi madre preparaba la cena de noche buena, decidí nacer. Tuve la bendición de hacerlo en un hogar donde mis padres tenían un profundo amor y respeto a la patria, con el cual crecimos mis hermanos y yo. Mis primeros recuerdos me llevan a la Finca La Lucha, a la que mi padre llegó en 1927, y desde entonces ha sido parte de la historia de los Figueres.

Nuestra vida en la finca era sencilla y agradable. Durante mis primeros años de vida mi padre era el Presidente de Costa Rica, y en casa, mientras nosotros jugábamos, Doña Karen y Don Pepe se dedicaban a los asuntos de Estado. Ahí en La Lucha inicié mis estudios formales en la escuela de la finca, Cecilia Orlich Figueres, nombrada así para recordar una prima hermana que había fallecido años atrás.

Mis compañeros y compañeras de estudio eran los hijos e hijas de quienes trabajaban en el desarrollo agro-industrial que con el pasar de los tiempos mi padre había establecido en La Lucha. Como la plaza de fútbol estaba al frente de la escuela, ese se convirtió en mi deporte favorito, que retomaría años después en la Academia Militar de West Point. También recuerdo muchas tardes después de clases jugando trompos y canicas con mis amigos, eso sí, los fines de semana eran dedicados al crocket, que tanto le gustaba a mi padre.

En La Lucha aprendí a montar, ahí en las montañas, con mi primer caballo Cholo y mi perro Buenamigo, un boxer precioso, desarrollé un especial cariño y respeto por los animales. La casona de La Lucha en que vivíamos, construida después de la Guerra Civil de 1948, que se inició ahí en la finca, se convirtió en ‘aula’ de aprendizaje, ya que de mis padres recibíamos todos los días lecciones de música, arte y convivencia; por ejemplo, a la hora de las comidas podíamos servirnos la cantidad que deseáramos, pero no podíamos dejar nada porque Don Pepe y Doña Karen nos decían que muchas personas en el mundo no tenían nada que poner en su plato.

José María Figueres OlsenLas primeras indicaciones de que Don Pepe y Doña Karen cumplían con otras obligaciones, además de ser nuestros padres, también nos llegaron en La Lucha, ya que por nuestra casa pasaron diferentes figuras políticas nacionales e internacionales. En uno de los sótanos de la casona operaba una estación de radio aficionado, TI2IG, donde mi padre se comunicaba con movimientos revolucionarios en la región y conspiraban para derrocar las dictaduras de la época, como las de Pérez Jiménez (Venezuela), Batista (Cuba), Trujillo (Republica Domincana) y Somoza (Nicaragua).

Había un par de sótanos que poco a poco se iban llenando de armas de todo tipo, y luego de la noche a la mañana desaparecían empacadas de manera que pasaran desapercibidas para suministrarle a los diferentes movimientos que luchaban contra dictaduras. La última gran operación de estas fue en 1979, apoyando la guerra que finalmente derrocó a Somoza.

En la sala o la terraza de la casona eran frecuentes las reuniones entre costarricenses y extranjeros que llegaban a conversar con mis padres. En muchas de esas conversaciones se nos permitía participar, sin pronunciar palabra. Sin embargo; concluidas las reuniones eran muchas la preguntas a mis padres, que durante la cena tenián la paciencia de contestar.

Eran momentos difíciles para la política nacional e internacional, en plena Guerra Fría y con la personalidad revolucionaria de Don Pepe, siempre estábamos en constante peligro, por ello, en algunas oportunidades recuerdo ver a Moncho, Chuta, Juan y a otros trabajadores de La Lucha, custodiar la Casona con rifles M-1. En dos ocasiones hasta nos tiramos al piso porque ametrallaron la casa.

Escuela y Colegio

José María Figueres OlsenPara los inicios de la campaña política de 1970 en que mi padre fue nuevamente candidato a la Presidencia de la República, ya nos habíamos trasladado a vivir en una casa de alquiler en Barrio Escalante. Ya en San José, cursé algunos años en el Colegio Humboldt y me gradué en el Lincoln, por esto sé un poco de alemán y hablo muy bien el inglés, que además es la lengua materna de mi madre. Hoy hubiese querido, también, haber estudiado en un colegio chino. Durante mi último año de colegio decidí estudiar en West Point, Estados Unidos. Después que Don Pepe aboliera el ejército en 1948, mi interés en ingresar a una academia militar parecía un poco contradictorio; no obstante, mis padres respetaron mi decisión.

Mis últimos años de secundaria coincidieron con los primeros años del segundo gobierno de don Pepe, y percibí muy claramente que el vivir bajo la sombra de mi padre no me permitía llevar una vida normal. Con esto a lo que me refiero, es que sin conocerme muchas personas proyectaban sobre mi el cariño que le tenían a mi padre y otros el rechazo que le profesaban. Por ello, decidí buscar una oportunidad para estudiar fuera de Costa Rica. Cuando estaba por decidir dónde estudiar, Don Pepe me buscó para conversar sobre mi futuro y me preguntó si buscaba obtener un título universitario o si quería transformarme en una persona culta. Confundido por la pregunta, le contesté que si no era lo mismo, me dijo que de ninguna manera. Para Don Pepe, un título universitario no era sinónimo de ser culto y educado. Según mi padre si yo quería un título debía ir a la universidad, pero si quería cultivar mi espíritu y desarrollarme como una persona con diferentes destrezas para enfrentar la vida, debía leer al menos un libro por semana. En ese momento intervino mi madre y me dijo que hiciera las dos cosas.

Fue así como busqué una beca para estudiar en West Point, ya que mi primo José Antonio Urgelles estaba por graduarse de la academia militar y me había hablado favorablemente de ella. Cumplí con todos los trámites de la beca y fui aceptado. Fue una experiencia singular. Si tuviera que tomar otra vez la decisión, lo haría sin ninguna duda. De ahí viene mi disciplina militar, pero más importante que eso, inspira a una actitud luchadora ante la vida, sin importar que tan duras o difíciles sean las circunstancias, refuerza los valores de liderazgo y compromiso con las causas en que se cree. Me dejó con profundas enseñanzas que me han servido a lo largo de mi vida.

Cuando las cosas van mal, hay que luchar… cuando las cosas van bien, hay que emprender nuevas luchas.

José Figueres Ferrer